Ana la de La Isla
Ana la de La Isla Ana conocía de antemano todos los pormenores de la fiesta. Pero no sabía que, de acuerdo con su condición de fundadores, ella y Gilbert serían obsequiados por los miembros de la Sociedad de Fomento con las obras completas de Shakespeare y una pluma estilográfica, respectivamente. El regalo y las hermosas cosas que dijo Moody Spurgeon en el discurso con su mejor voz y su más solemne tono, la cogieron tan por sorpresa que el brillo de sus grandes ojos grises quedó completamente empañado por las lágrimas. Había trabajado dura y fielmente por la Sociedad. El hecho de que sus miembros premiaran así sus esfuerzos conmovía las fibras más íntimas de su corazón. Todos se mostraban tan agradables, amistosos y alegres (incluidas las Pye) que en ese momento Ana amaba a todo el mundo.