Ana la de La Isla
Ana la de La Isla Ana había disfrutado mucho durante la reunión; pero el final de la fiesta lo echó todo a perder. Nuevamente Gilbert cometió el error de ponerse sentimental mientras cenaban en la galería iluminada por la luna. Y Ana, para castigarlo, dedicó sus atenciones a Charlie Sloane y le permitió que la acompañara a casa. Descubrió, sin embargo, que a nadie hiere más la venganza que a quien trata de infligirla. Gilbert salió pomposamente con Ruby Gillis. Ana les oyó hablar y reír mientras se alejaban envueltos por la apacible brisa otoñal. Seguramente estaban en el mejor de los mundos mientras ella se aburría como una ostra con Charlie Sloane, que hablaba sin descanso y que ni por casualidad decía algo que valiera la pena oír. Ana respondía con ocasionales «sí» o «no», y pensaba en lo guapa que estaba aquella noche Ruby Gillis, en lo saltones que parecían los ojos de Charlie a la luz de la luna (mucho más que de día) y en que, después de todo, el mundo no era un lugar tan hermoso como había creído durante las primeras horas del atardecer.