Ana la de La Isla
Ana la de La Isla —Estoy cansada, simplemente —dijo cuando por fin pudo quedarse sola en su cuarto. Y honestamente lo creÃa asÃ. Pero, a la tarde siguiente, un extraño y alegre temblor, algo asà como un brinco desconocido y secreto conmovió su corazón cuando vio a Gilbert que regresaba del Bosque Embrujado cruzando el viejo puente con su andar firme y rápido. ¡De modo que, a pesar de todo, Gilbert no iba a pasar su última tarde con Ruby Gillis!
—Pareces cansada, Ana —dijo Gilbert.
—Lo estoy y, lo que es peor, disgustada. Cansada porque he estado arreglando mi baúl y cosiendo toda la tarde. Y disgustada porque a seis honorables señoras se les ocurrió venir a despedirse de mÃ. Todas ellas tuvieron algo que decir. Algo que tiñera la vida de color gris oscuro.
—¡Viejas brujas! —fue el elegante comentario de Gilbert.