Ana la de La Isla
Ana la de La Isla —¿Por qué he de hacerlo? Ya hay personas de sobra que lo hacen. El mundo necesita gente como yo, Ana, para alegrarlo un poco. SerÃa un lugar terrible si todos fueran intelectuales y serios y consideraran las cosas sólo por su lado grave. Dime, Ana, ¿no ha sido más alegre la vida en «La Casa de Patty» este invierno, porque yo me encontraba aquÃ?
—Sà —concedió Ana.
—Y todos me quieren, hasta la tÃa Jamesina, que me cree un poco loca. Entonces, ¿por qué he de cambiar? ¡Oh, querida, tengo tanto sueño! Anoche estuve despierta hasta la una leyendo una escalofriante novela de fantasmas. Estaba en la cama, ¿y crees acaso que después de leerla iba a levantarme a apagar la lámpara? Pues no. Y si Stella no hubiera llegado tarde, se habrÃa quedado encendida hasta el amanecer. Cuando oà llegar a Stella le pedà que apagara la luz. Si lo hubiera hecho yo, me habrÃa parecido que algo me atrapaba en la oscuridad al regresar a la cama. A propósito, ¿sabes qué hará tÃa Jamesina este verano?
—SÃ, se quedará aquÃ. Lo hará por esos benditos gatos, aunque ella afirma que es por evitarse el trabajo de abrir otra vez su casa y porque odia hacer visitas.
—¿Qué lees?
—Pickwick.