Ana la de La Isla
Ana la de La Isla Ana no se ruborizó, como le sucedía siempre que daban por segura su boda con Roy Gardner. De improviso se sintió ofuscada. La conversación con Phil le pareció trivial y la recepción un aburrimiento. Dio un tirón de orejas al pobre Rusty.
—¡Sal de ese cojín, estúpido gato! ¿Por qué no te quedas en tu lugar?