Ana la de La Isla
Ana la de La Isla Christine era muy guapa, con un tipo majestuoso, destinada a volverse algo corpulenta cuando llegase a la plena madurez. Era alta, con grandes ojos azul oscuro, rasgos marfileños y suaves cabellos negros.
«Tiene toda la apariencia que yo he deseado para mí», se dijo Ana, sintiéndose la criatura más miserable de la tierra. «Piel de pétalo de rosa, ojos como estrellas, cabellos de color de ala de cuervo… sí, lo tiene todo. ¡Merecería llamarse Cordelia Fitzgerald! Pero no creo que su figura sea tan bonita como la mía; y su nariz es muy inferior».
Esta conclusión consoló un poquito a la pobre Ana.