Ana la de La Isla
Ana la de La Isla —SÃ. Y estornudé tres veces mientras me lo pedÃa. ¿No te parece horrible? Pero le dije «Sû casi antes de que terminara, no fuese que cambiara de idea. Soy tremendamente feliz. No creÃa que Jonás pudiera preocuparse por un ser frÃvolo como yo.
—Phil, tú no eres realmente frÃvola. Tras la apariencia frÃvola tienes un alma leal y femenina. ¿Por qué la escondes de ese modo?
—No puedo evitarlo, Reina Ana. Tienes razón; no soy frÃvola de corazón, pero sobre mi alma hay una capa de frivolidad que no puedo quitarme. Como dice la señora Poyser, tendrÃa que ser fundida de nuevo. Pero Jonás sabe cómo soy y me quiere, frÃvola y todo. Y yo le quiero. Nunca me he sorprendido tanto como cuando lo descubrÃ. Jamás pensé que fuera posible enamorarse de un hombre feo. ImagÃnate: ¡yo con un solo novio! ¡Y que se llama Jonás! Pero pienso llamarle Jo; ¡es un diminutivo tan lindo! Nunca hubiera podido ponerle un sobrenombre a Alonzo.
—Y ¿qué hay de él y de Alee?