Ana la de La Isla
Ana la de La Isla —Porque la nueva maestra que vino a reemplazar al señor Holmes, que está enfermo, me dio como deber para el lunes diez sumas. Tendré que pasarme todo el dÃa de mañana haciéndolas. No es divertido trabajar en sábado. Milty Boulter dijo que él no las hará, pero Marilla dice que yo debo hacerlas. La señorita Carson no me gusta nada.
—No hables asà de tu maestra, Davy Keith —dijo la señora Rachel con severidad—. La señorita Carson es una joven muy agradable. No se llena la cabeza con tonterÃas.
—Eso no parece divertido —rió Ana—. Me gusta la gente que tiene un poquito de tonterÃa encima. Pero me inclino a pensar de la señorita Carson mejor que tú, Davy; la vi anoche durante la oración y tiene un par de ojos que no siempre son sensatos. ¡Vamos, Davy, levanta el espÃritu! «Mañana será otro dÃa», y yo te ayudaré a hacer las sumas. No oscurezcas este brillante crepúsculo con meditaciones sobre la aritmética.
—¡Bueno, ahora sÃ! —dijo Davy alegremente—. Si tú me ayudas en las sumas tendré tiempo para ir a pescar con Milty. ¡Qué lástima que el funeral de la tÃa Atossa haya sido hoy en vez de mañana! Me hubiera gustado ir, porque Milty dijo que su mamá aseguraba que la tÃa Atossa se sentarÃa en el ataúd a decir cosas desagradables a quienes se acercaran a verla. Pero Marilla dice que no fue asÃ.