Ana la de La Isla
Ana la de La Isla —¿Te quedarás en Avonlea todo el verano? —preguntó Gilbert.
—No. La semana que viene me iré al este, rumbo a Valley Road. Esther Haythorne quiere que la sustituya en la escuela durante julio y agosto. Tiene a su cargo el perÃodo de verano y no está bien de salud, de modo que voy a reemplazarla. En cierto sentido, no me pesa. ¿Sabes que estoy empezando a sentirme un poco extraña en Avonlea? Eso me pone triste… pero es verdad. Es aterrador ver cómo en sólo dos años los niños se han convertido en hombres y mujeres. Desconozco hasta a mis propios alumnos. Me siento vieja cuando los veo ocupar tu lugar y el mÃo, y el de todos nuestros compañeros.
Ana se echó a reÃr y suspiró. Se sentÃa mayor, madura y sensata…, cosa que demostraba lo joven que era. Se preguntó dónde habrÃa ido a parar aquella época feliz de ilusiones y esperanzas que parecÃa haberse alejado para siempre.
—Asà va pasando la vida —dijo Gilbert, con sentido práctico. Ana imaginó que tal vez estarÃa pensando en Christine. ¡Avonlea iba a quedar muy solitaria… con la partida de Diana!