Ana la de La Isla
Ana la de La Isla —Bueno, ya me parecÃa. Valley Road se distingue por sus bonitas maestras, asà como Millersville por las feas. Janet Sweet me preguntó esta mañana si la podrÃa llevar. Yo le dije: «Seguro, si no le disgusta que la sacuda. Este coche es algo pequeño y yo soy más gorda que Thomas». Espere un poco, señorita, hasta que amontone estas sacas y la ponga a usted donde pueda. No hay más que tres kilómetros hasta casa de Janet. El sirviente de un vecino vendrá esta noche a por su baúl. Mi nombre es Skinner, Sarah Skinner.
Ana fue «metida donde se pudo», sin que dejara de reÃrse interiormente durante el proceso.
—¡Hala, yegua negra! —ordenó la señora Skinner tomando las riendas con sus gordas manos—. Éste es mi primer viaje de reparto de correspondencia. Thomas querÃa ocuparse de sus nabos y me pidió que lo reemplazara. De modo que me senté aquà y salà disparada. Me gusta, pero es aburrido. La mitad del tiempo lo paso sentada pensando y la otra mitad sentada, solamente. ¡Vamos, yegua, que quiero llegar pronto! Thomas está muy solo, ¿sabe usted? No hace más que un mes que nos casamos.
—¡Oh! —dijo Ana.
—Exactamente un mes. Thomas me hizo la corte durante mucho tiempo, sin embargo. Es bastante romántico.
Ana trató de imaginar a la señora Skinner en una situación romántica.