Ana la de La Isla
Ana la de La Isla —SÃ, pero me ha gustado mucho el paseo —dijo Ana con sinceridad.
—¡Qué me dice! —respondió la señora Skinner, sintiéndose lisonjeada—. Espere a que Thomas lo sepa. Se alegra mucho cuando me hacen un cumplido. ¡Hala, yegua! Bueno, aquà estamos. Espero que le vaya bien en la escuela, señorita. Hay un atajo para llegar allÃ, a través del pantano, detrás de lo de Janet, pero tiene que tener mucho cuidado. Si pone el pie en el barro negro, se la tragará y no se sabrá más de usted hasta el dÃa del juicio, como le pasó a la vaca de Adam Palmer. ¡Arre, yegua!