Ana la de La Isla
Ana la de La Isla Cuando hubo concluido la reunión, el caballero se acercó a Janet y preguntó:
—¿Me permite acompañarla a casa, Janet?
Janet lo tomó del brazo tan tímidamente como una colegiala a quien acompañan a su casa por vez primera, cosa que comentó más tarde Ana en su carta a las chicas de «La Casa de Patty».
—Ana Shirley, permíteme que te presente al señor Douglas —dijo Janet.
El señor Douglas se inclinó y añadió:
—La estuve contemplando durante la reunión, señorita, y pensando en lo guapa que es usted.
Estas palabras hubieran molestado a Ana en boca de otra persona, pero en la forma en que las dijo el señor Douglas la impresionaron como un cumplido real y sincero. Le sonrió y siguió a ambos por el camino iluminado por la luna.
¡De modo que Janet tenía un novio! Ana estaba encantada; Janet sería una esposa ejemplar: alegre, ahorrativa, tolerante y magnífica cocinera. Hubiera sido un delito de la naturaleza mantenerla soltera para siempre.
—John Douglas me ha pedido que te lleve a ver a su madre —le dijo Janet al día siguiente—. Pasa la mayoría del tiempo acostada y nunca sale de casa, pero le gusta mucho estar acompañada y se ha interesado siempre por conocer a mis pensionistas. ¿Podrías ir esta tarde?