Ana la de La Isla
Ana la de La Isla —No me vuelva a hablar jamás de eso. ¿Quién le puso esa idea en la cabeza? —preguntó Ana, cuyo sentido del humor estaba volviendo por sus fueros; tan absurda era la situación.
—Ustà is una linda muchacha y si las arrigla muy bien. No mi gustan l’haraganas. Riflixioni. Voi a ispirarla. Buino, tingo qu’irmi. Tingo qui ordiñar las vaquis.
Las ilusiones que Ana se hiciera sobre las declaraciones de amor habÃan sufrido tales golpes durante los últimos años, que casi nada quedaba ya de ellas. De modo que pudo reÃr a sus anchas de esta última sin que su corazón sufriera. Aquella noche hizo una imitación de Sam frente a Janet y ambas rieron como locas comentando la iniciación del muchacho en la vida sentimental.
Una tarde, cuando se acercaba a su fin la estancia de Ana en Valley Road, Alee Ward llegó a «Junto al Camino» y preguntó por Janet.
—La necesitan en casa de los Douglas —dijo—. Me parece que la señora Douglas va a morir esta vez, después de haber estado anunciándolo durante veinte años.
Mientras Janet corrÃa a buscar su sombrero, Ana preguntó si la señora estaba peor que de costumbre.