Ana la de La Isla
Ana la de La Isla —Mi voy di allà —dijo mientras señalaba con el sombrero la casa vecina.
—¿Ah, s� —preguntó Ana, cortés.
—SÃ.
—¿Y dónde irá?
—Buino, hi istado pinsando consiguir un lugar todo mÃo. Está isa casa in Millersville. Piro si l’alquilo, necisito una mujir.
—Supongo —asintió Ana vagamente. Hubo otro largo silencio. Finalmente, Sam volvió a quitarse el sombrero de paja y prosiguió:
—¿Si quidarÃa ustà conmigo?
—¿Qué-é-é? —masculló Ana.
—¿Si quidarÃa ustà conmigo?
—¿Quiere decir, si me casarÃa con usted?
—SÃ.
—Pero si apenas le conozco —gritó Ana, indignada.
—Pero mi conocirÃa dispois de casarsi conmigo.
Ana reunió toda su herida dignidad.
—Por cierto que no me casaré con usted —dijo irritada.
—Buino, puidi pasarli algo pior. Trabajo mucho y tingo dini-ro in il banco.