Ana la de La Isla
Ana la de La Isla —Pobre querida —dijo Phil—. Ven aquà y deja que te consuele. No tengo derecho a reprocharte nada. Yo misma me habrÃa casado con Alee o con Alonzo de no haber aparecido Jo. Ana, ¡qué confuso es todo en la vida real!… Nada resulta claro y preciso como en las novelas.
—Espero que nadie vuelva a pedirme en matrimonio mientras viva —gimoteó la pobre Ana, convencida de que lo querÃa asÃ.