Ana la de La Isla
Ana la de La Isla —Lo echo mucho de menos —se quejaba la muchacha—. Mi cuarto no parece el mismo sin él. No podré volver a mirar por la ventana sin sentir que me falta algo. Nunca llegué a «Tejas Verdes» sin que Diana estuviese aquà para recibirme.
—Diana tiene algo más importante en que pensar en estos momentos —dijo la señora Lynde.
—Bueno, contadme las novedades de Avonlea —pidió Ana, sentándose en los escalones de la galerÃa, donde el sol de la tarde cubrió de oro sus cabellos.
—No hay otras novedades que las que ya te escribà —dijo la señora Lynde—. Supongo que no sabÃas que Simón Fletcher se rompió una pierna la semana pasada. Es una gran cosa para su familia. Están haciendo todo aquello que no podÃan hacer mientras él estaba sano y se metÃa en todas partes.
—Viene de una familia escandalosa —comentó Marilla.
—¡Escandalosa! Ya lo creo. Su madre solÃa ponerse de pie en las reuniones de la iglesia, proclamaba a gritos los defectos de sus hijos y pedÃa que rezaran por ellos. Desde luego que esto los ponÃa furiosos y peores que nunca.
—No le has contado a Ana las novedades sobre Jane.