Ana la de La Isla
Ana la de La Isla —Desde que te fuiste he crecido tres centÃmetros. Ahora soy tan alto como Milty Boulter. Ya no me molestará con que es más grande que yo. Ah, Ana, ¿sabes que Gilbert Blythe se está muriendo?
Ana quedó muda y como inconsciente mirando a Davy, y palideció tanto que Marilla temió un desmayo.
—¡Davy, esa lengua! —exclamó la señora Lynde, furiosa—. ¡Ana, querida… reacciona! No querÃamos decÃrtelo de repente…
—¿Es… verdad? —preguntó la joven con voz que no parecÃa la suya.
—Gilbert está muy mal —asintió la señora Lynde gravemente—. Enfermó de tifus no bien te fuiste a «La Morada del Eco». ¿No supiste nada?
—No.
—El caso se presentó muy serio desde el principio. El médico dice que estaba muy débil. Han contratado una enfermera especializada y hecho todo lo que puede hacerse. Reacciona, Ana; mientras hay vida hay esperanza.
—El señor Harrison estuvo aquà esta noche y dijo que no habÃa esperanzas —reiteró Davy.
Marilla, con semblante cansado y envejecido, se levantó y sacó a Davy de la cocina.