Ana la de La Isla
Ana la de La Isla —Oh, reacciona, querida —dijo la señora Rachel abrazando cariñosamente a la jovencita—. No debemos perder las esperanzas… realmente no debemos. Gilbert tiene a su favor la fuerte constitución de los Blythe.
Ana apartó suavemente a la señora Lynde, atravesó la cocina como una autómata, cruzó el vestÃbulo y subió la escalera. Ya en su antiguo cuarto, cayó de rodillas junto a la ventana mirando sin ver a través de ésta. En la gran oscuridad, la lluvia caÃa sobre los sembrados. Del Bosque Embrujado partÃan los lamentos de los árboles acosados por la tormenta y el aire traÃa el fragor de las olas que rompÃan sobre la playa distante. ¡Y Gilbert se estaba muriendo!