Ana la de La Isla
Ana la de La Isla Tanto Ana como su amiga se echaron a reÃr ante esta inesperada conclusión. La chica de ojos castaños también rió.
—De verdad. Pude haberlo hecho. Venid, sentaos sobre esta losa y nos presentaremos. Sé que nos vamos a querer mucho; lo supe tan pronto os vi en Redmond esta mañana. Deseaba acercarme y daros un abrazo.
—¿Y por qué no lo hiciste? —preguntó Priscilla.
—Simplemente porque no me decidÃa. Siempre me siento indecisa. Tan pronto emprendo algo, tengo el convencimiento de que lo correcto serÃa lo contrario. Es una horrible desgracia; pero nacà asà y de nada vale culparme. De modo que no podÃa decidirme a hablar por mucho que lo deseara.
—CreÃmos que eras muy tÃmida —dijo Ana.
—¡Oh, no, querida! La timidez no figura entre los muchos defectos o virtudes de Philippa Gordon… Phil para vosotras. Llamadme asÃ. Y ahora, ¿cómo os llamáis?
—Ella es Priscilla Grant —dijo Ana señalando a su amiga.
—Y ella Ana Shirley —añadió Priscilla, señalando a su vez.
—Y somos de la isla —agregaron al unÃsono.
—Yo vengo de Bolingbroke, Nueva Escocia —dijo Philippa.