Ana la de La Isla
Ana la de La Isla Antes de volverse, Ana desprendió el ramito de pensamientos rojos que llevaba en el pecho y lo dejó caer serenamente sobre la tumba del muchacho que pereciera en el gran duelo del mar.
—Bueno, ¿qué piensas de nuestra nueva amiga? —preguntó Priscilla cuando Phil las dejó.
—Me gustó. Hay en ella algo que induce a quererla a pesar de sus tonterÃas. Creo, como ella dice, que no es tan tonta como parece. Es una buena chica y no sé si crecerá alguna vez.
—A mà también me gusta —dijo Priscilla con decisión—. Habla tanto de los muchachos como Ruby Gillis. Pero me pone enferma oÃr a Ruby, mientras que Phil sólo me hace reÃr de buen grado. Ahora, dime, ¿cuál es la razón?