Ana la de La Isla
Ana la de La Isla —¡Asà que Gilbert habÃa escrito a Ruby! Muy bien. Estaba en su perfecto derecho, por supuesto. Sólo que… Ana no sabÃa que Ruby lo habÃa hecho primero y que Gilbert se habÃa visto obligado a contestar por mera cortesÃa. Separó la carta de Ruby con desprecio. Pero la encantadora epÃstola de Diana, fresca y llena de noticias, sacó el aguijón que le clavara la posdata de Ruby. Claro que hablaba demasiado de Fred, pero por otra parte era tan rica en novedades y temas de interés para Ana que ésta se sintió transportada a Avonlea mientras leÃa. La carta de Marilla era seca y simple, ausente de chismografÃa o emoción alguna. Sin embargo, asà y todo transmitió a Ana todo el ambiente llano y simple de la vida en «Tejas Verdes». La de la señora Lynde se referÃa sólo a noticias relacionadas con la iglesia. Como ya no tenÃa que atender una casa, Rachel tenÃa más tiempo para dedicar a los asuntos parroquiales y se habÃa entregado a ellos en cuerpo y alma. Por aquel entonces estaba muy ocupada con los suplentes que desfilaban por el púlpito de Avonlea.