Ana la de La Isla
Ana la de La Isla Creo que sólo hay tontos en el sacerdocio en esta época —escribÃa amargamente—. ¡Hay que ver los candidatos que nos mandan y lo que predican! La mitad no es verdad y, lo que es peor, no suena a doctrina. El que tenemos ahora es el peor de todos. Generalmente coge un texto determinado y luego predica sobre otra cosa. Y dice que no cree que todos los paganos estén condenados irremisiblemente. ¡Vaya una idea! ¡Si fuera asÃ, todo el dinero que hemos enviado a las misiones estarÃa perdido! El domingo pasado anunció que la próxima vez hablará sobre el tiburón que apareció en la playa. Creo que harÃa mejor en limitarse a la Biblia dejando a un lado los sucesos de actualidad. ¡A qué estado han llegado las cosas si un ministro no puede hallar en las Sagradas Escrituras tema para una prédica! ¿A qué iglesia vas, Ana? Espero que lo harás regularmente. La gente tiene mucha facilidad para olvidar sus obligaciones para con Dios fuera de su casa y tengo entendido que eso es muy común entre los estudiantes. Me han dicho que hasta estudian los domingos. Espero que tú nunca llegues a eso, Ana. Recuerda cómo has sido educada. Y ten mucho cuidado al elegir tus amistades. Nunca sabrás qué clase de criaturas concurren a esas escuelas. Son lobos con piel de cordero, eso es. Será mejor que no hables con ningún joven que no sea de la isla.