Ana la de La Isla
Ana la de La Isla —¡Oh, pero no he citado todavÃa lo que transforma todo! —exclamó Ana suavemente—. Allà habrá amor, Phil. Amor sincero y tierno, como no hallaré en ninguna otra parte del mundo, amor que me está aguardando a mÃ. ¿No te parece que esto convierte mi cuadro en una obra maestra, aun cuando sus colores no sean muy brillantes?
Silenciosamente Phil se puso en pie, dejó a un lado su caja de bombones y abrazó a Ana.
—Ana, querrÃa ser como tú —dijo juiciosamente.
La noche siguiente Diana fue a buscar a su amiga a la estación de Carmody y ambas regresaron en el coche, bajo el tranquilo cielo estrellado. Cuando llegaron a la cuesta apareció «Tejas Verdes», y Ana observó que tenÃa un verdadero aire de fiesta. HabÃa luces en todas las ventanas y su resplandor rompÃa la oscuridad exterior como llamaradas de bienvenida. Y en el patio ardÃa una gran fogata, alrededor de la cual danzaban dos alegres figuras, una de las cuales dio un fuerte grito cuando el coche dobló entre los álamos.