Ana la de La Isla
Ana la de La Isla —Davy te recibe con un alarido de guerra indio —dijo Diana—. Se lo enseñó el peón del señor Harrison y ha estado practicando para darte la bienvenida. La señora Lynde dice que tiene los nervios destrozados. Davy chillaba detrás de ella y luego salÃa corriendo. Estaba decidido a hacer una fogata para ti. Se ha pasado dos semanas juntando ramitas secas y persiguiendo a Marilla para que le dejara poner un poco de gasolina antes de encender el fuego. Y a juzgar por el olor parece que lo consiguió, a pesar de que la señora Lynde se oponÃa diciendo que Davy incendiarÃa y quemarÃa todo si se lo permitÃan.
A todo esto, Ana ya estaba fuera del coche, con Davy colgándole de las rodillas y Dora apretándole el brazo.
—¿No es una hermosa fogata, Ana? Déjame enseñarte a atizarla. ¿Has visto las chispas? La hice para ti, Ana, porque estaba contento de que volvieras a casa.