Ana la de La Isla
Ana la de La Isla —Pero todavÃa estamos juntas —dijo Ana alegremente—; que la próxima semana no nos robe la alegrÃa de ésta. Yo misma detesto la idea de marcharme; ¡mi hogar y yo somos tan buenos amigos!… ¡Sentirse sola! Soy yo quien deberÃa quejarse. Tú te quedas aquà con todos tus viejos amigos… y con Fred. Mientras, yo estaré entre extraños.
—Excepto Gilbert… y Charlie Sloane —dijo Diana imitando la ironÃa de su amiga.
—Charlie será un gran consuelo, por supuesto —asintió Ana sarcásticamente.
Y las dos irresponsables damitas se echaron a reÃr. Diana sabÃa lo que Ana opinaba sobre Charlie Sloane; pero, a pesar de sus confidencias, no sabÃa con precisión lo que pensaba de Gilbert Blythe. Ni siquiera la misma Ana lo sabÃa.
—Todo lo que sé es que los muchachos se alojarán en el otro extremo de Kingsport —continuó Ana—. Estoy contenta de ir a Redmond y sé que después de un tiempo me gustará. Pero las primeras semanas serán duras. Por lo demás, tendré el consuelo de escapar a casa los fines de semana, como cuando iba a la Academia de la Reina. Navidad parece estar a mil años.
—Todo cambia… o va a cambiar —dijo Diana tristemente—. Presiento que nada volverá a ser como antes, Ana.