Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —¡Oh, señora Lynde —Ana aspiró profundamente al ponerse en pie—, me ha dado una esperanza! Siempre sentà que usted era una buena persona. Oh, podrÃa resistir cualquier cosa si sólo pudiera pensar que mi cabello será de un hermoso castaño claro cuando crezca. SerÃa tan fácil ser buena si el cabello fuera de ese color, ¿no le parece? ¿Y ahora puedo salir al jardÃn y sentarme en ese banco bajo los manzanos, mientras usted y Marilla hablan? Hay allà tanto campo para la imaginación…
—SÃ, corre, niña. Y puedes hacer un ramito de lilas si quieres. Al cerrarse la puerta tras Ana, la señora Lynde fue a encender una lámpara.
—Verdaderamente, es una chiquilla rara. Siéntese en esta silla, Marilla, es mejor que la que tiene ahora; ésa la guardo para el criado. SÃ, por cierto que es una criatura rara, pero tiene algo que atrae. No me sorprende que usted y Matthew se hayan quedado con ella, ni les compadezco tampoco. Puede resultar muy buena. Desde luego, tiene una manera extraña de expresarse, algo… algo violenta; pero es probable que la venza, ahora que ha venido a vivir entre gentes civilizadas. Y además, su genio es bastante vivo; pero hay una ventaja: una criatura que tiene el genio vivo, que se arrebata y se calma con facilidad, no es dada a ser taimada o impostora. En conjunto, me gusta, Marilla.