Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —¡Bonitos! —bufó Marilla—. No me preocupé de que fueran bonitos. No creo en vanidades tontas, Ana, te lo digo directamente. Esos vestidos son buenos, duraderos, sin ringorrangos ni volantes y son cuanto tendrás este verano. El amarillo y el azul estampado te los pondrás para ir al colegio cuando comiencen las clases, y el de raso lo usarás para ir a la iglesia y a la escuela dominical. Espero que los conservarás pulcros y limpios y que no los romperás. Pensé que estarÃas agradecida después de esas mezquinas ropas que has estado llevando.
—Oh, estoy agradecida —protestó Ana—. Pero lo hubiera estado muchÃsimo más si… si me hubieras hecho uno con mangas abullonadas. ¡Las mangas abullonadas están tan de moda ahora! ¡Me estremecerÃa tanto usar un vestido con mangas abullonadas!
—Bueno, tendrás que quedarte sin tu estremecimiento. No tengo género para desperdiciar en mangas abullonadas. De cualquier modo, me parecen ridÃculas. Prefiero las lisas y sencillas.
—Pero me gustarÃa parecer ridÃcula igual que todas las demás en lugar de lisa y sencilla yo sola —insistió Ana tristemente.