Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —¡Como para hacerte caso! Bueno, cuelga esos vestidos cuidadosamente en tu armario y luego siéntate y estudia tu lección para la escuela dominical. El señor Bell me dio un libro para ti e irás a la escuela mañana —dijo Marilla, desapareciendo escaleras abajo con ira.
Ana juntó las manos y miró los vestidos.
—TenÃa esperanza de que uno fuera blanco y con mangas abullonadas —murmuró con desconsuelo—. Recé para que asà fuera, pero no me hice muchas ilusiones. SuponÃa que Dios no tendrÃa tiempo para molestarse por el vestido de una huérfana. SabÃa que sólo dependerÃa de Marilla. Bueno, afortunadamente puedo imaginarme que uno es de muselina blanca como la nieve, con encantadores volantes de encaje y mangas muy abullonadas.
A la mañana siguiente, un fuerte dolor de cabeza le impidió a Marilla acompañar a Ana a la escuela dominical.
—Tienes que ir y preguntar por la señora Lynde —le dijo—. Ella se ocupará de ponerte en el grado que te corresponda. Ahora, decÃdete a portarte convenientemente. Luego pÃdele a la señora Lynde que te indique nuestro banco. Aquà tienes una moneda para la colecta. No mires a todos lados y no molestes. Espero que me cuentes el sermón cuando regreses.