Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes La señora Barry le estrechó la mano y dijo gentilmente:
—¿Cómo estás?
—Estoy bien fÃsicamente aunque muy maltrecha de espÃritu, señora. Muchas gracias —dijo Ana con seriedad. Y luego le dijo a Marilla con un murmullo—: No hubo nada sorprendente en eso, ¿no es asÃ?
Diana estaba sentada en el sofá, leyendo un libro, que apartó cuando entraron las visitas. Era una niña muy bonita, con los cabellos y los ojos negros de su madre, y las mejillas rosadas y una expresión alegre que heredara de su padre.
—Ésta es Diana, mi niña —dijo la señora Barry—. Diana, puedes llevar a Ana al jardÃn y enseñarle tus flores. Será mejor que cansarte los ojos con ese libro. Lee demasiado —esto lo dijo a Marilla cuando salÃan las niñas—, y no puedo evitarlo, pues su padre la ayuda y la instiga. Siempre está leyendo. Me alegra que tenga la oportunidad de encontrar una compañera de juego; quizá eso la lleve más al aire libre.