Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —Vamos, no te aturdas. Me gustarÃa que no emplearas palabras largas. Suena tan raro en una niña. Creo que le gustarás bastante a Diana. Es a su madre a quien debes conquistar. Si se ha enterado de tu contestación a la señora Lynde y de tu aparición en la iglesia con flores en el sombrero, no sé qué pensará de ti. Debes ser cortés y bien educada y no hacer ninguno de tus sorprendentes discursos. ¡Por todos los santos, estás temblando!
Ana estaba temblando y tenÃa la cara pálida y tensa.
—Oh, Marilla, también usted estarÃa excitada si estuviera a punto de conocer a una niña que espera que sea su amiga del alma y a cuya madre corriera el peligro de no gustarle —dijo mientras se apresuraba a ponerse el sombrero.
Fueron hasta «La Cuesta del Huerto» por el atajo del arroyo, subiendo la colina de los abetos. La señora Barry salió a la puerta de la cocina en contestación a la llamada de Marilla. Era una mujer alta, de ojos y cabellos negros, con boca resuelta. TenÃa la reputación de ser muy estricta con sus hijos.
—¿Cómo está usted, Marilla? —dijo cordialmente—. Pase, supongo que ésta es la niña que han adoptado.
—SÃ. Se llama Ana Shirley.