Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —No sé cómo no se me ocurrió antes —pensó, mientras pelaba nerviosamente los guisantes—. No creo que pensara robarlo. Lo cogió para jugar o ayudar a su imaginación. Debe haberlo cogido, está claro, pues nadie ha ido a esa habitación hasta que yo subà esta noche. Y el broche ha desaparecido. Supongo que lo habrá perdido y no quiere reconocerlo por temor al castigo. Es algo terrible pensar que dice mentiras; peor aún que sus enfados. Es una terrible responsabilidad tener en casa a una criatura en la que no se puede confiar. HipocresÃa y falsedad es lo que ha demostrado. Eso me mortifica más que lo del broche. Si me hubiera dicho la verdad, no me importarÃa tanto.
Aquella tarde, Marilla fue varias veces a su habitación y la registró en busca del broche, sin hallarlo. Una visita nocturna a la buhardilla no produjo mejores resultados. Ana persistÃa en negar que supiera algo del broche y ello convencÃa a Marilla de lo contrario.
Se lo contó a Matthew a la mañana siguiente. Éste quedó confuso; no podÃa perder la fe en Ana con tanta rapidez, pero debió admitir que las circunstancias estaban contra ella.
—¿Estás segura de que no cayó tras el mueble? —fue lo único que pudo sugerir.