Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —Está bastante bien —dijo Marilla secamente. Secretamente pensó que la nariz de Ana era verdaderamente muy linda; pero no tenÃa intenciones de decÃrselo.
De esto hacÃa ya tres semanas y hasta entonces todo habÃa ido bien. Y aquella fresca mañana de septiembre, Ana y Diana corrÃan alegremente por el Camino de los Abedules, sintiéndose dos de las niñas más felices de Avonlea.
—Espero que Gilbert Blythe estará hoy en la escuela —dijo Diana—. Pasó todo el verano en Nueva Brunswick, en casa de sus primos y regresó el sábado por la noche. Es terriblemente guapo, Ana. Y molesta a las niñas una barbaridad. Te aseguro que nos atormenta.
La voz de Diana indicaba que preferÃa ser atormentada antes que no verlo.
—¿Gilbert Blythe? —dijo Ana—. ¿No es el nombre que está escrito en la pared del porche junto al de Julia Bell con un gran letrero que dice «Atención»?
—Sà —respondió Diana sacudiendo la cabeza—, pero estoy segura que Julia no le gusta mucho. Le he oÃdo decir a Gilbert que estudiaba la tabla de multiplicar con sus pecas.