Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —Bueno, ya que me pide consejo, Marilla —dijo la señora Rachel, que adoraba que le pidieran consejo—, yo le darÃa un poco el gusto al principio. Creo que el señor Phillips se ha equivocado. Desde luego, no debemos decÃrselo a los niños, ¿sabe usted? Y también que procedió bien al castigarla ayer por su arrebato de furia. Pero lo de hoy ha sido distinto. Todos los que llegaron tarde debieron ser castigados con Ana, eso es. Yo no creo en eso de sentar a las niñas junto a los muchachos como castigo. No está bien. Tillie Boulter estaba verdaderamente indignada. La niña parece ser muy popular entre ellos. Nunca pensé que se pudiera llevar tan bien con sus condiscÃpulos.
—¿Entonces usted piensa que será mejor que la deje quedarse en casa? —dijo Marilla, sorprendida.