Ana la de Tejas Verdes

Ana la de Tejas Verdes

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Al día siguiente era domingo y la lluvia fue torrencial desde que amaneció hasta al anochecer. Ana no salió de «Tejas Verdes». El lunes por la tarde, Marilla la envió con un recado a casa de la señora Lynde. Al poco rato, Ana volvió corriendo por el sendero, con lágrimas en los ojos. Entró en la cocina y se echó de bruces en el sofá.

—¿Qué ha pasado ahora, Ana? —preguntó Marilla—. Espero que no te hayas portado mal otra vez con la señora Lynde.

La única respuesta de Ana fueron las lágrimas y los sollozos.

—Ana Shirley, cuando hago una pregunta, quiero que se me responda. Siéntate bien ahora mismo y dime por qué lloras.

Ana se sentó, personificando la tragedia.

—La señora Lynde fue a ver a la señora Barry y ésta estaba de un humor terrible —dijo entre sollozos—. Dice que yo emborraché a Diana el sábado, y que la mandé a su casa en un estado lastimoso. Y dice que debo ser muy mala y que nunca dejará que Diana vuelva a jugar conmigo. ¡Oh, Marilla, la pena me embarga!

Marilla la contemplaba asombrada.

—¡Emborrachar a Diana! —dijo cuando pudo recobrar el habla—. Ana, ¿estás loca tú o lo está la señora Barry? ¿Qué fue lo que le diste?


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