Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —Nada más que el licor de frambuesas —lloró Ana—. Nunca sospeché que eso pudiera emborrachar a la gente, ni siquiera si bebÃan tres copas, como hizo Diana. ¡Oh, esto me recuerda tanto, tanto, al marido de la señora Thomas! Pero yo no quise emborracharla.
—¡Emborracharla! —dijo Marilla dirigiéndose al armario de la sala. En uno de los estantes habÃa una botella que en seguida reconoció como de vino casero de tres años, por el cual era celebrada en Avonlea, aunque algunos habitantes muy estrictos, entre ellos la señora Barry, no lo aprobaban. Al mismo tiempo, Marilla recordó que habÃa puesto en el sótano la botella de licor de frambuesas, en lugar de dejarla donde le dijera a Ana.
Volvió a la cocina con la botella de vino. En su cara se dibujaba una mueca que no podÃa reprimir.
—Ana, por cierto que eres un genio para meterte en camisa de once varas. Diste a Diana vino en lugar de licor de frambuesas. ¿No notaste la diferencia?