Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —No lo probé. Pensé que era el licor y, además, querÃa ser hospitalaria. Diana se mareó y tuvo que irse a casa. La señora Barry le dijo a la señora Lynde que estaba borracha. Se rió como una tonta cuando su madre le preguntó qué le pasaba y durmió varias horas seguidas. Su madre le olió el aliento y dijo que estaba beoda. Ayer tuvo un terrible dolor de cabeza durante todo el dÃa. La señora Barry está indignada. Nunca creerá otra cosa excepto que lo hice a propósito.
—Creo que mejor debiera castigar a Diana por haber bebido esas tres copas. Tres de esas copas eran capaces de marearla aunque hubieran sido sólo de licor. Bueno, este episodio les vendrá muy bien a esas gentes que no aprobaron que yo hiciera vino casero; aunque desde hace tres años, cuando supe que al pastor no le agradaba, no he hecho más. Sólo guardaba esa botella para casos de enfermedad. Bueno, muchacha, no llores. No veo que tengas culpa alguna, aunque siento que ocurriera asÃ.
—Debo llorar —dijo Ana—. Mi corazón está destrozado. Las estrellas están en mi contra, Marilla. Diana y yo estamos separadas para siempre. Oh, Marilla, no habÃa pensado que pudiera ocurrir algo asà cuando hicimos nuestros juramentos de amistad.