Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —No seas tonta, Ana. La señora Barry lo pensará mejor cuando se entere de que no es tuya la culpa. Supongo que cree que lo has hecho en broma o algo por el estilo. Será mejor que vayas esta noche y le digas cómo fue.
—Mi valor me abandona ante el pensamiento de enfrentarme a la madre de Diana. Quisiera que fuera usted, Marilla. Usted es muchÃsimo más digna que yo. Es probable que la escuche antes que a mÃ.
—Bueno, lo haré —dijo Marilla, pensando que serÃa el camino más lógico—. No llores más, Ana. Todo irá bien.
Marilla habÃa cambiado de manera de pensar a ese respecto cuando volvió de «La Cuesta del Huerto». Ana la vio regresar y corrió a su encuentro.
—Oh, Marilla, por su cara sé que ha sido inútil —dijo, tristemente—. ¿La señora Barry no me perdonará?
—¡La señora Barry, sÃ, sÃ! —saltó Marilla—. Es la mujer más irrazonable que he conocido. Le dije que todo fue un error, que no era culpa tuya, pero simplemente se negó a creerlo. Y me refregó por las narices lo del vino y que yo habÃa dicho que no hacÃa daño a nadie. Yo le dije claramente que una persona no se emborracha con tres cepitas y que si una criatura mÃa fuera tan amiga de beber, yo la hubiera puesto sobria con una buena zurra.