Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes Ana permaneció de pie observando alejarse a Diana y moviendo tristemente la mano cada vez que su amiga se volvÃa a mirarla. Luego retornó a la casa no poco consolada, por el momento, por aquella despedida romántica.
—Ya todo ha terminado —le informó a Marilla—. Nunca volveré a tener otra amiga. Realmente ahora estoy mucho peor que nunca, porque ya no tengo ni a Katie Maurice ni a Violeta. Y aunque las tuviera seria lo mismo. De cualquier modo, las niñas de los sueños no satisfacen después de tener una amiga real. Diana y yo nos hemos despedido con mucho cariño. Siempre guardaré sagrada memoria de este adiós. He usado el lenguaje más patético. Pude recordarlo a tiempo, y usé el «vos» en vez del «tú». «Vos» parece mucho más romántico que «tú». Diana me dio un rizo y voy a guardarlo en una pequeña bolsita que me pondré alrededor del cuello toda la vida. Por favor, encárguese de que la entierren conmigo, porque no creo que viva mucho tiempo. Quizá cuando la señora Barry me vea yerta ante ella, sienta remordimientos por lo que ha hecho y permita que Diana asista a mi funeral.
—No creo que haya que temer que te mueras de pena mientras puedas hablar, Ana —fue la seca respuesta de Marilla.