Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —Oh, sé que soy una molestia terrible para usted, Marilla —dijo Ana, arrepentida—. Cometo muchos errores. Pero piense sólo en las muchas equivocaciones que no hago, aunque podrÃa. Buscaré un poco de arena y fregaré las manchas antes de ir a la escuela. Oh, Marilla, mi corazón está pendiente de ese festival. Nunca fui a ninguno, y cuando las chicas hablan de festivales en el colegio, me siento tan fuera de lugar… Usted no sabe cómo me siento, pero ya ha visto que Matthew sÃ. Matthew me comprende, y es tan bonito ser comprendida, Marilla.
Ana estaba demasiado excitada aquella mañana como para estar a su altura con sus lecciones. Gilbert Blythe la sobrepasó en ortografÃa y la dejó fuera de lado en los cálculos mentales. La consecuente humillación de Ana, sin embargo, podrÃa haber sido mayor, pues estaba abstraÃda por la idea del festival y del cuarto de huéspedes. Diana y ella hablaron sin cesar de lo mismo durante todo el dÃa; de haber tenido un maestro más estricto que el señor Phillips, hubieran recibido una seria reprimenda.