Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —De modo que Diana y tú casi matáis del susto a la pobre señorita Barry —dijo la señora Lynde severamente, pero guiñando un ojo—. La señora Barry estuvo aquà hace un rato. Realmente está muy preocupada. La vieja señorita Barry estaba de un humor terrible cuando se levantó esta mañana, y el humor de Josephine Barry no es cosa de broma, te lo aseguro. No le dirigirá la palabra a Diana.
—No fue culpa de Diana —dijo Ana, contrita—, sino mÃa. Yo sugerà que corriéramos para ver quién llegaba primero a la cama.
—Lo sabÃa —dijo la señora Lynde con la exaltación propia de quien todo acierta—. SabÃa que esa idea era fruto de tu cerebro. Bueno, ha ocasionado gran cantidad de molestias. La señorita Barry vino a quedarse un mes, pero ha dicho que no quiere permanecer allà ni un dÃa más y emprenderá el regreso mañana, aunque sea domingo. Se hubiera ido hoy de haber encontrado quien la llevara. HabÃa prometido pagar un trimestre de las lecciones de música de Diana, pero ahora está decidida a no hacer nada por una diablilla como ésa. Oh, supongo que habrán pasado un mal momento esta mañana. Los Barry deben estar afligidÃsimos. La señorita Barry es rica y quieren mantenerse en buenas relaciones con ella. Por supuesto, esto no me lo dijo la señora Barry, pero comprendo bastante bien la naturaleza humana como para darme cuenta.