Ana la de Tejas Verdes

Ana la de Tejas Verdes

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—Soy una niña muy desgraciada —gimió Ana—. Soy una continua causa de problemas y también se los causo a mis mejores amigos, gentes por las que daría la vida. ¿Podría decirme el porqué, señora Lynde?

—Porque eres demasiado descuidada e impulsiva, chica, eso es. Nunca te detienes a pensar. Cualquier cosa que se te ocurre la dices o la llevas a cabo sin reflexionar.

—¡Pero si eso es lo mejor! —protestó Ana—. Si algo surge en la mente debe decirse. Si uno se detiene a pensarlo, lo echa a perder. ¿No ha sentido nunca algo así, señora Lynde?

No, la señora Lynde nunca había sentido algo así. Sacudió la cabeza sensatamente.

—Debes aprender a pensar un poco, Ana, eso es. El proverbio por el cual debes regirte es «Mira antes de saltar»; especialmente dentro de una cama de un cuarto de huéspedes.

La señora Lynde rió divertida por su ligera broma, pero Ana permaneció pensativa. No veía nada gracioso en una situación que a sus ojos se presentaba muy seria. Cuando dejó a la señora, Lynde, tomó su camino a través de «La Cuesta del Huerto». Encontró a Diana en la puerta de la cocina.

—Tu tía Josephine está muy enojada, ¿no es cierto? —murmuró Ana.


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