Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —No —dijo Marilla con tono preocupado—. Ha tenido algunos ataques al corazón esta primavera y no se preocupa mucho. He temido por él, pero últimamente ha mejorado bastante y tenemos un buen jornalero, de manera que espero que se recoja de una vez y descanse. Quizá lo haga ahora que has vuelto. Siempre le alegras.
Ana se inclinó sobre la mesa y tomó la cara de Marilla entre sus manos.
—Usted no tiene tan buen aspecto como yo deseo, Marilla. Parece cansada. Creo que ha trabajado demasiado. Debe descansar ahora que he vuelto. Voy a tomarme un dÃa libre para recorrer los antiguos lugares y revivir viejos sueños, y luego será su turno de haraganear mientras yo trabajo.
Marilla sonrió afectuosa a su muchacha.