Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —No es el trabajo; es mi cabeza. Me duele a menudo. El doctor Spencer me ha dicho que tengo que usar gafas, pero no me hacen nada bien. A fin de junio vendrá a la isla un distinguido oculista y el médico dice que debo verle. Creo que lo haré. No puedo ni leer ni coser ahora con comodidad. Bueno, Ana, te has portado muy bien en la Academia. Obtener el tÃtulo de magisterio en un año y ganar la beca, bueno, bueno; la señora Lynde dice que el orgullo ciega y que no cree en la educación superior de las mujeres, pues le parece que las inutiliza para su verdadera misión. No creo una palabra. Hablando de Rachel, ¿has oÃdo algo últimamente sobre el Banco Abbey, Ana?
—Sé que no iba muy bien —contestó Ana—. ¿Por qué?
—Eso es lo que dijo Rachel. Estuvo allà un dÃa de la semana pasada y dice que lo oyó comentar. Matthew se sintió verdaderamente preocupado. Todo cuanto hemos ahorrado está allÃ; cada penique. Yo querÃa que Matthew lo pusiera en la Caja de Ahorros, pero el viejo señor Abbey fue amigo de papá y él siempre guardó allà su dinero. Matthew dijo que cualquier banco con él a la cabeza era suficientemente bueno.
—Creo que ha sido director nominal durante años —dijo Ana—. Es un hombre muy viejo; en realidad, sus sobrinos son los directores de la institución.