Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —Bueno, cuando Rachel nos dijo eso, quise que Matthew retirara inmediatamente nuestro dinero, y él dijo que lo pensarÃa. Pero el señor Russell le aseguró ayer que el banco estaba bien.
Ana pasó un hermoso dÃa en compañÃa del mundo exterior. Nunca olvidó aquel dÃa; ¡fue tan dorado y hermoso, tan despojado de sombras! Ana pasó algunas de sus mejores horas en el manzanar; fue a la Burbuja de la DrÃada, a Willowmere y al Valle de las Violetas; visitó la rectorÃa y tuvo una agradable charla con la señora Alian, y finalmente, al caer la tarde, acompañó a Matthew a buscar las vacas al prado, a través del Sendero de los Amantes. Los bosques estaban glorificados por el ocaso y el cálido esplendor que se colaba por los valles del oeste. Matthew caminaba lentamente con la cabeza inclinada; Ana, alta y erguida, adoptó su ágil paso al suyo.
—Hoy ha trabajado mucho, Matthew —dijo con reproche—. ¿Por qué no se toma las cosas con más calma?
—Bueno, no veo por qué no —dijo Matthew mientras abrÃa el portón para dejar pasar las vacas—. Es que me vuelvo viejo y me olvido. Bueno, bueno; siempre he trabajado duro, y lo mejor será morir al pie del cañón.