Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes Una tarde, pocos días después, Marilla volvió lentamente del prado, donde había estado hablando con un visitante; un hombre a quien Ana conocía de vista como John Sadler, de Carmody. Ana caviló qué habrían hablado para que Marilla trajera esa expresión.
—¿Qué quería el señor Sadler, Marilla?
Marilla se sentó junto a la ventana y miró a Ana. A pesar de la prohibición, había lágrimas en sus ojos y dijo a Ana con voz quebrada:
—Supo que quería vender «Tejas Verdes» y quiere comprarla.
—¡Comprarla! ¿Comprar «Tejas Verdes»? —Ana pensó que había oído mal—. Oh, Marilla, ¿no pensará vender «Tejas Verdes»?