Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —Es un gran árbol —dijo Marilla—, tiene muchas flores, pero la fruta nunca es abundante, es pequeña y agusanada.
—Oh, no me referÃa sólo al árbol; desde luego que es hermoso, sÃ, es radiantemente hermoso; sino a todo, el jardÃn, la plantación, el arroyo, los bosques, todo el gran mundo querido. ¿No siente usted en una mañana como ésta como si quisiera a todo el mundo? Y yo puedo escuchar reÃr al arroyo. ¿Se ha parado a pensar lo alegres que son los arroyos? Siempre se están riendo. Incluso en invierno los he escuchado bajo el hielo. Estoy muy contenta de que haya un arroyo cerca de «Tejas Verdes». Quizá usted piense que no me importa mucho que ustedes no se queden conmigo, pero no es asÃ. Siempre me gustará recordar que habÃa un arroyo cerca de esta casa, aunque nunca la vuelva a ver. Si no hubiera un arroyo, me perseguirÃa la incómoda sensación de que deberÃa haberlo. Esta mañana no estoy sepultada en el abismo de la desesperación. Nunca me puedo encontrar asà por las mañanas. ¿No es fantástico que haya mañanas? Pero me siento muy triste. He estado imaginando que yo era realmente lo que ustedes querÃan y que iba a quedarme para siempre. Pero lo peor de imaginar cosas es que llega un momento en que uno debe detenerse y entonces duele.