Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —O-o-o-h —balbuceó Ana. Su sensitiva carita enrojeció embarazosamente y enarcó las cejas—. Oh, querÃan serlo; sé que tenÃan intenciones de ser tan buenas y amables como fuera posible. Y cuando la gente quiere ser buena con uno, no se le da mucha importancia si no lo consiguen del todo siempre. TenÃan muchas cosas por las que preocuparse, ¿sabe? Es muy angustioso tener un marido borracho; y debe de ser muy penoso tener mellizos tres veces, ¿no le parece? Pero estoy segura que se proponÃan ser buenas conmigo.
Marilla no hizo más preguntas. Ana guardó silencio, fascinada por el camino de la costa, y Marilla guiaba la yegua también abstraÃda, mientras reflexionaba profundamente.