Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —Ah, por eso dijiste eso de «Hay un reloj nuevo en Tejas Verdes, ¿no?». No entendÃa lo que querÃas decir. Y en seguida oà un «clic». Supongo que fue el ruido del teléfono de los Pye. Bien, no nos preocupemos por ellos. Como dice la señora Rachel: «Los Pye siempre han sido asà y serán asà mientras el mundo sea mundo, amén». Quiero hablar de cosas más agradables. Ya hemos decidido dónde vamos a vivir.
—¡Ay, Ana! ¿Dónde? Ojalá sea cerca de aquÃ.
—Nooo, ésa es la desventaja. Gilbert va a establecerse en el Puerto de Cuatro Vientos, a cien kilómetros de aquÃ.
—¡Cien! No habrÃa diferencia si fueran mil —suspiró Diana—. Ahora no puedo ir más allá de Charlottetown.
—Tendrás que venir a Cuatro Vientos. Es el puerto más hermoso de la isla. En un extremo, hay un pueblecito llamado Glen St. Mary; el doctor David Blythe, tÃo abuelo de Gilbert, ha ejercido allà durante cincuenta años. Va a retirarse y Gilbert se hará cargo de sus pacientes. Pero el doctor Blythe se quedará con su casa, de modo que nosotros tendremos que buscarnos vivienda. TodavÃa no sé cómo será ni dónde estará, pero tengo una casita de los sueños ya amueblada en mi imaginación: un diminuto y delicioso castillo en España.
—¿Adónde iréis de luna de miel? —preguntó Diana.