Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —A ningún lado. No pongas esa cara de espanto, querida. Me recuerdas a la señora de Harmon Andrews. Ella comentará, sin duda en tono condescendiente, que la gente que no puede permitirse ir de luna de miel es prudente si decide no viajar; y entonces me recordará que Jane se fue a Europa en la suya. Yo quiero pasar mi luna de miel en Four Winds, en mi preciosa casita de los sueños.
—¿Y has decidido no tener damas de honor?
—No tengo a nadie. Phil, Priscilla, Jane y tú os habéis casado antes que yo; y Stella está enseñando en Vancouver. No tengo a ninguna otra «amiga del alma» y no quiero una dama de honor que no sea una amiga Ãntima.
—Pero llevarás velo, ¿no? —preguntó Diana, preocupada.