Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —No sé si le estoy muy agradecida a AVIS en este asunto del teléfono —dijo Ana—. Ah, ya sé que es necesario… ¡Incluso más que nuestro antiguo sistema de hacernos señales con linternas! Y, como dice la señora Rachel: «Avonlea debe seguir el ritmo de la procesión, sÃ, señor». Pero en cierto sentido, creo que yo no habrÃa querido ver Avonlea estropeada por lo que el señor Harrison llama, cuando quiere ser ingenioso, «atrasos modernos». Me habrÃa gustado mantenerlo siempre como era en los viejos tiempos. Pero es una tonterÃa romántica imposible. De modo que voy a volverme sensata, práctica y actual. El teléfono, como admite el señor Harrison, es «una cosa estupenda», aunque se sepa que probablemente haya media docena de entrometidos escuchando.
—Eso es lo peor —suspiró Diana—. Es tan molesto llamar a alguien y oÃr el ruido de los teléfonos cuando los descuelgan. Dicen que la señora de Harmon Andrews insistió para que se lo instalaran en la cocina para poder escuchar cada vez que suena mientras hace la comida. Hoy, cuando me llamaste, oà con toda claridad el reloj de los Pye dando la hora. Seguramente Josie o Gertie estaban escuchando.